© textos visita al castillo: ICN Artea - Simó- Balaguer
Hoy van a visitar una fortaleza levantada por los templarios entre 1294 y 1307, cuando la Orden ya estaba a punto de extinguirse. En esta última etapa, sabedores de su debilidad, la debieron levantar pensando en que se convirtiera en su último refugio.

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Estos muros también dieron cobijo a Benedicto XIII “el Papa Luna” que pasó en esta fortaleza sus últimos años, entre 1411 y 1423, transformando el castillo en palacio pontificio y defendiendo su legitimidad como Papa hasta su muerte.

Venidos de diferentes lugares, tiempos y circunstancias, aquí encontraron su refugio la Orden del Temple y el Papa Luna; aquí encontraron la piedra para construir, el agua dulce, las huertas fértiles y la bendición de la sal y el mar.

El tiempo se volvió contra sus aspiraciones. La decepción y la tragedia se abatieron sobre ellos, pero fue tal su empeño y su tenacidad que unos y otro, los templarios y Benedicto XIII, sobrevivieron a su propia tragedia, se elevaron sobre su propia realidad y tienen hoy su lugar en la Historia, en las leyendas populares y en los misterios que, siempre sin resolver, se trasmiten de generación en generación.

Sobre la puerta de entrada que acaban de pasar, dejaron labrados sus emblemas los promotores templarios  formando un friso: la cruz de la Orden del Temple, los cardos del maestre de la orden, Fray Berenguer de Cardona, y las fajas de Arnaldo de Banyuls, comendador de Peñíscola.

Desde el zaguán se accede a todos los ámbitos del castillo. La escalera actual es fruto de varias remodelaciones. En la restauración reciente se ha dejado a la vista la roca base y algunos vestigios de otra más antigua.

La disposición en recodo del zaguán da paso a la segunda puerta del castillo situada a mitad de la escalera que protegía el paso hacia el patio de armas. Es muy interesante la cubrición de este espacio con bóvedas de cañón en distintas direcciones para adaptarse a la geometría irregular de la planta.

Cuando paseen por esta fortaleza piensen en los cambios que se han ido produciendo desde su fundación, hace más de 700 años. Con el Papa Luna, o durante la Guerra de la Independencia, cuando los franceses ocupaban el castillo y el general Elío, al bombardearlo para recuperarlo, hizo volar el polvorín y con ello la parte superior de esta torre que han visto a la izquierda de la entrada.

La sala está cubierta con bóveda de cañón algo apuntada, fue utilizada como caballerizas y también, en algún momento, dormitorio de soldados.

Es una sala que refleja el poder de la Orden aún en sus últimos años, con Berenguer de Cardona como Maestre de la Corona de Aragón y Arnau de Banyuls como comendador que emplearon su riqueza y todos sus esfuerzos para crear una obra colosal, sólida, con vistas quizás a la recuperación de lo perdido, pero que resultó ser su último refugio.

La solidez, la potencia de sus muros, nos traslada a un mundo que plano1_2desapareció hace 700 años. El mundo templario. Un mundo raro para nosotros, un mundo de guerreros, del cual sabemos que fue creado en 1119 por 9 caballeros, y que fue reprobado y condenado en 1312, cuando el rey de Francia Felipe IV “el hermoso” condicionó al papa Clemente V, para acabar con su poder y requisar sus posesiones. Unos años después en 1314, quemaron en la hoguera en París al Gran Maestre Jacques de Molay y otros 38 miembros de la orden, acusados de todo tipo de fechorías y maldades, y la orden de los templarios pasó a formar parte de la leyenda.

En  la restauración de 2015 se ha dejado a la vista la roca base que en algunos puntos está labrada y forma un borde elevado sobre el nivel del pavimento original algo más bajo que el actual. En el grueso muro de la derecha, que da al exterior, a unos 2 metros de altura se abren cuatro vanos rectangulares abocinados estrechándose en pendiente hacia el exterior.

La sala es de planta trapezoidal. En algunos inventarios del siglo XV se describen los usos de “casa de3- 09092015l cap del estable” y “botiga del cap del estable” que pudieron corresponder a esta estancia y a la contigua que vamos a ver a continuación y que estaba mejor ventilada.

 

Los templarios tenían una relación con la naturaleza distinta a la nuestra, con el agua, con Dios, con los árboles, es un mundo misterioso para nosotros, llenos de símbolos. Sus conocimientos arquitectónicos y sobre todo los astrológicos adquiridos en Oriente han dado mucho que hablar. No obstante, la astrología se enseñaba en las universidades y nadie la consideraba contraria a la religión. Fue la manera, durante muchos siglos de situar la Tierra en su entorno celestial, sus implicaciones y una inapreciable ayuda para la navegación y los viajes.

El castillo está lleno de diferentes símbolos y referencias de diverso tipo, como las marcas de los canteros y los blasones. Se han contabilizado de momento 174 marcas de cantería diferentes en las piedras sillares que pueden ver repartidas por todas las estancias del castillo.

4- 090920Esta sala ocupa la base de la torre occidental, recayente a la plaza de Armas y a la Iglesia de la Ermitana. Al quedar en muy mal estado tras las guerras de los últimos siglos se produjeron humedades y concreciones calcáreas en su interior, que se han mantenido en las sucesivas restauraciones realizadas en los siglos XX y XXI.

También se pueden observar en la bóveda las huellas de una explosión que hubo en su interior, que nos transmiten la idea de solidez y fortaleza de este castillo que ha sobrevivido a 700 años de historia bélica.

Desde este primer espacio de planta cuadrangular se accede a otras dos salas. Los tres espacios están resueltos con bóvedas de cañón de sillería, aunque en ésta se pueden apreciar en las esquinas los arranques de los nervios, que apuntan la intención de cubrirla con una bóveda de crucería , mucho más acorde a su tiempo. Las nuevas técnicas de construcción de la época debieron hacer que el castillo fuese gótico, sin embargo se construye con las técnicas de 150 años antes. La época dorada de la orden templaria.

Y sin duda ese fue el pensamiento de quienes construyeron esta imponente fortaleza, refugiarse en la esencia templaria y constituirla en piedra angular del renacer de la orden.

La vida cotidiana

5- 09092015Las encomiendas de los Templarios estaban bien administradas y regidas con mano firme.

Los templarios, para su época, comían bien, en sus tierras no se pasaba hambre. Las hambrunas en la Edad Media eran habituales, pero no en sus encomiendas y en sus bailíos. Se puede decir que seguían la dieta mediterránea: carne, no demasiada; productos de la huerta, frutas, pescado… No eran tan extraños como nos han hecho creer. Eran personas inteligentes y, sobre todo, buenos administradores, tanto en lo concerniente a la Orden como para las gentes que estaban a su servicio.

Aquí en Peñíscola, las salinas fueron muy importantes para la economía. Y la ganadería también: era variada, cerdos, cabras, corderos. La  abundancia de agua dulce y las acequias de origen musulmán facilitaban el cultivo de frutas y productos de huerta.

Todavía hoy, en la zona del Prat, un marjal paralelo a la costa y a la playa Norte de Peñíscola se conserva un sistema de acequias de las que una de las principales es la llamada acequia de los Templarios (la Templera).

Esta dependencia sirvió como aljibe. Queda de este uplano1_6so un hueco que perfora la bóveda en el centro a modo de lucernario donde antes hubo un brocal hasta el siglo XX. Pero antes, en la etapa del Temple pudo ser sala de armas del castillo.

El mayor cuidado del caballero templario era el de sus armas personales, establecidas por la Regla: espada, lanza y maza. En Peñíscola, según inventario de 1301, se almacenaron gran número de armas, como ballestas, carcajes, azconas, escudos, cascos de hierro y espadas.

Los templarios también destacaron como constructores de máquinas de guerra para el lanzamiento de proyectiles, fundamentales en los combates de asedio, asalto y defensa de fortalezas. Es el caso de las brigolas empleadas en la defensa de Miravet, de la que estuvo inventariada en este mismo castillo de Peñíscola o el carabuca construido por el comendador de Ascó, Berenguer de Santmarçal.

Desde su instalación en Peñíscola en 1294 hasta su desalojo en 1307, la dedicación prioritaria de la Orden fue la construcción de esta inmensa fortaleza.

plano1_7Aquí se desplegó todo un pequeño universo de agitación y trabajo permanente: canteros, herreros, oficios de todo tipo. Pese a la grandiosidad del resultado, el castillo quedó incompleto. No obstante, resistió a lo largo de los siglos todo tipo de asedios, asaltos y bombardeos como los que tuvieron lugar durante la guerra de Sucesión en el XVIII, la guerra contra los franceses, en el XIX y la guerra Civil en el siglo XX.

La sala ocupa la base de la torre del Papa Luna  y  tiene planta rectangular y bóveda de cañón. Dos aspilleras controlan el acceso principal al castillo. El pavimento original se encuentra a  60 centímetros por debajo del actual. Al hacer catas arqueológicas en la reciente restauración,  se ha descubierto  un proyectil de piedra de gran tamaño que pueden ver expuesto en la sala.. En la parte superior de la bóveda hay  un hueco de comunicación con la estancia superior, la cámara privada del Papa Luna, cuya finalidad está siendo investigada por los expertos.

Se accede por las escaleras que parten del zaguán. Se trata de un amplio espacio abierto al mar. Tuvo el doble uso como claustro, a semejanza de los monasterios, y como patio de armas, tal como correspondía un castillo medieval y al carácter militar templario.

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Cuando Benedicto XIII, en 1411, decidió asentar su Sede Pontificia en el castillo se realizaron una serie de obras de restauración y acomodación que incluyeron la transformación del patio de armas templario en jardín papal y la restauración del antiguo claustro templario. Quedan algunos vestigios de la antigua galería en los muros del patio (una ménsula y canecillos que se están estudiando).

Aquí se encontraba el jardín pontificio, con vegetación de plantas aromáticas de la zona, y que tuvo como elemento ornamental una monumental fuente esculturada que el propio pontífice mandó construir y que en la actualidad se encuentra en la catedral de Tortosa y se la conoce como pila bautismal del Papa Luna. En la Iglesia de Santa María de Peñíscola puede ver una réplica de esta fuente.

Desde el Patio de Armas se accede a las estancias principales del castillo. Pueden seguir la visita  recorriendo primero las dependencias pontificias que se sitúan a la derecha de la escalera de acceso (nºs 8 al12) y a continuación el Salón Gótico, la Iglesia y otras estancias, .finalizando la vista en la terraza superior.

Las dependencias pontificias – La Torre del Papa Luna.

Las dependencias pontificias se situaron en la Torre del Papa Luna donde estuvo la “cámara mayor” o dormitorio del pontífice en el primer nivel ( sala 9 ) y el  estudio en el segundo nivel (sala 12). También las estancias anejas a la torre estuvieron ligadas a estos usos residenciales pues figuran en los inventarios usos de comedor, biblioteca, sala de baños, pero debido a las destrucciones del siglo XIX y reformas del XX es difícil situar algunas funciones, aunque ahora se está realizando una investigación con plan de catas arqueológicas que permitirá una mayor aproximación.

Acostumbrados a imaginar a los Papas en el Vaticano; con sus plazas inmensas, los grandiosos salones, las cúpulas asombrosas, debemos hacer un esfuerzo para representarnos a Benedicto XIII haciendo su labor pontificia.

Que un Papa, siendo Papa y actuando como tal viviera casi la mitad de su pontificado en un lugar como esta torre del Castillo de Peñíscola, resulta cuando menos insólito.

Y s14- 09092015in embargo así fue.

Un día tras otro, este hombre incansable y tenaz, realizó todas las tareas que caben esperar de un Papa: recibió a gente, trabajó con sus secretarios, escribió millares de bulas, creó universidades, pugnó por su tiara con papas y reyes, y hasta tuvo tiempo de escribir ese hermoso “Libro de las consolaciones de la vida humana”.

Apenas salió para realizar dos viajes tan importantes como dramáticos: a Morella en 1414 y a Perpignan en 1415, en ambos intentaron convencerle de que abandonara su encierro y renunciase a sus derechos.

Pero volvió a su torre. Hasta fue envenenado en ella con los dulces de unas monjitas. Aquí comía, aquí dormía y descansaba, cuando podía, porque en esos últimos años las noticias que le llegaran no debieron ser muy buenas. Pero él aguantó aquí hasta su muerte en 1423.

8- 09092015La visita comienza por esta estancia pequeña y muy distinta a la restantes estancias del castillo medieval porque fue reformada tras el bombardeo de la Guerra de la Independencia. La original pudo ser más amplia y con funciones aun por confirmar.

La  bóveda de ladrillo, los pavimentos y el hueco que comunica con la sala contigua se deben a las reformas de los últimos siglos.

Pero aquí, en esta sala, u en otra parecida, hablamos de un espacio donde se pudo reunir Pedro de Luna con las personas que trabajaban con él.

Durante los primeros tiempos debió deliberar sobre las cuestiones relativas a la adecuación del edificio a las nuevas necesidades. Su asentamiento en Peñíscola, como sede pontificia por un periodo indefinido, traerá una serie de obras destinadas a este objetivo.

Con los planos sobre la mesa, conversaría y discutiría, con Jaume Scarp o Bartolomeu Baile, respectivos maestros de obras.

Y también se ocuparía de la alimentación de la villa. El propio Papa ordena que la villa y fortaleza esté bien provista de grano, pan, vino, carnes, pescado, sal,…

De especial importancia serían el control y revisión regular de sus cuentas con Juan Romaní quien fuera su camarero y su administrador personal.

9- 09092015La estancia está dividida por un arco de piedra, tiene techo de madera apoyado en canes de piedra. Aunque precede a la Cámara Mayor, recientemente se ha descubierto con los trabajos arqueológicos que el hueco de comunicación corresponde a una reforma posterior y que originalmente no estuvo comunicada con ella. En esta dependencia u otra próxima pudo comer el pontífice.

A Benedicto XIII se le describe como hombre costumbres sobrias y de poco comer. No debió ser un gran amigo del comedor ni, probablemente, de demorarse demasiado en la mesa. Verduras, algunas legumbres, algo de carne de vez en cuando. Tras su envenenamiento, todavía tuvo que ser más asceta, su estómago ya no le permitía ningún exceso.

Y en lo más íntimo y personal, Benedicto tiene una pequeña e inocente afición, los dulces. Los recibía al parecer de ciertas monjas de algún monasterio cercano que le fueron fieles hasta su misma muerte,. Alrededor de esta afición se fraguó, en 1418, el atentado que pudo provocar su muerte. Y aunque no fue en esta sala, cada día al comer, le traería el recuerdo de los dolores producidos por el cianuro cuando fue envenenado.

La estancia mayor del llamado Palacio Pontificio, debió ser el dormitorio, la cámara del papa, ocupa el primer nivel de la torre del Papa Luna. Es de planta trapezoidal. Tiene buenas vistas sobre el mar y la luz penetra por los tres huecos orientados a norte, sur y este respectivamente. Dependencia utilizada por Benedicto XIII y también por los sucesivos señores del castillo: comendadores templarios, montesianos, etc.

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Él aquí, cada noche recordaría sus viejos buenos tiempos, cuando era joven, cuando vivía con su familia en Illueca, a menos de 100 kilómetros de Zaragoza, cuando estudiaba en Montpelier, cuando fue nombrado cardenal.. Y hasta reiría al recordar cómo había huido de Aviñón, vestido con el hábito prestado por Bonifacio Ferrer, el querido hermano de Vicente Ferrer.

Pero también rememoraría las malas noticias, y les daría vueltas, como cuando recibió la noticia de que su sobrino, Rodrigo de Luna tras mucha resistencia había tenido que entregar la ciudad de Avignon en manos del rey francés en el 1411, tras año y medio de sitio y sin que Benedicto XIII, pese a sus esfuerzos y cruce de mensajeros, pudiera enviar ayuda. Una pérdida tan importante como definitiva.

Sería aquí, y con el leve oleaje del Mediterráneo como susurro de fondo, en las presuntas horas de descanso, donde se dedicaba a leer y escribir, a repasar las cartas recibidas, a tomar algunos apuntes para su próxima bula, el próximo sermón, las disposiciones para la mañana siguiente…

En la restauración de 2015 se ha  sacado a la luz el pavimento de hormigón pétreo templario que un día debió cubrir todas las salas del Castillo, y que, según las improntas que aparecen en él, pudo en época papal estar recubierto por una tarima de madera. Tras eliminar los 60 centímetros de relleno que elevaban el nivel del suelo hasta sala del comedor, se ha descubierto gran parte de la escalera de peldaños curvos que constituía el acceso original a la cámara, y una canalización que probablemente daba servicio a un lavabo, así como un hueco de comunicación con el cuerpo de guardia inferior.

La  biblioteca del Benedicto XIII  estuvo repartida en varios lugares del castillo como el estudio o la cámara mayor y también, probablemente, en esta estancia.

La obra escrita de Benedicto XIII es inmensa. Y su biblioteca, sin duda, una de las mejores de su tiempo, quizás su posesión más amada. Pero fueron también, en sus últimos días, nueva fuente de dolor ya que, inmerso en la pobreza, se vio en la necesidad de vender muchos de ellos para poder hacer frente a los gastos del castillo y poder pagar a la escasa servidumbre que le fue fiel hasta el final.

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A pesar de las dificultades nunca dejó de cumplir con su papel de Papa y él o sus secretarios bajo su dirección desarrollaron una gran labor intelectual, escribiendo: bulas(se sabe que a lo largo de su papado elaboró veinticinco mil, referidas a los reinos hispánicos), correspondencia, sermones, polémicas, estudios eclesiales, textos de derecho eclesiástico en defensa de su legitimidad, etc.

En la biblioteca reunió obras de las más diferentes disciplinas: Arte, Poesía, Historia, Matemáticas, Arquitectura, Astronomía, Ciencias Naturales, Astrología, Magia… Nada escapaba a su curiosidad y afán de conocer. En este sentido, su figura es ya un avance del inquieto humanismo del Renacimiento.

Sobre esta estancia hubo durante la guerra de la Independencia un repuesto de pólvora que voló, arruinando toda esta parte del castillo. Suceso que relató con detalle Moratín que presenció los hechos. Quedó una huella de impacto de los bombardeos en el muro sobre la puerta que comunica con la cámara papal.

Esta dependencia fue el estudio privado del Papa Luna, en ella también alojó parte de su biblioteca. Es un espacio dividido por un arco en dos pequeños espacios, marcados por dos huecos orientados al este y al sur. Sobre la puerta se halla el escudo pontificio de Benedicto XIII.

Fue en esta sala, pequeña y acogedora, donde debía apartarse para estar consigo mismo, aquí se retiraba después de comer, y aquí fue donde le envenenaron, pues guardaba los dulces que le regalaban las monjas en un pequeño armario bajo llave. Y fue aquí también, donde en algún momento de sus años postreros, escribió la que hoy se considera su obra más profunda.

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La soledad debía ser mayor cada día que pasaba. El tiempo ya no era tiempo de acción sino de reflexión, escritura, oración. El representante de Dios en la Tierra habla con Dios y escribe sus últimos mensajes para los hombres y sus últimas reflexiones para sí mismo.

Y produce así su mejor obra: el “Libro de las consolaciones de la vida humana”.

Una lección de toda una vida dedicada a su creencia, a la Iglesia y a la justicia de sus consideraciones. En el libro recuerda, en ese último y definitivo tramo de su andadura, los amigos perdidos y muertos en el camino. Quienes conocen su vida y sus afectos podrían rememorar su amor por Vicente Ferrer y el dolor que le causó en aquellas jornadas en torno al Concilio de Constanza en que decidió abandonarle.

Esta pieza arquitectónica es de una sola nave y planta rectangular; con bóveda de cañón apuntada cerrada por un ábside semicircular que se halla rematado por una bóveda de horno.

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El templo justifica los postulados cistercienses de austeridad: carencia de adornos, piedra sillar, y ligero apuntamiento en el abovedado de la imponente construcción románica. Tres pequeñas ventanas iluminan el espacio, una de ellas en el centro del ábside. Por la derecha, se accede a la reducida sacristía.

Fue capilla de los caballeros templarios y después de los montesianos, basílica papal de Benedicto XIII y su sucesor Clemente VIII. Al pie del ábside, a la derecha, bajo una losa de piedra (antigua ara del altar templario), sin inscripción alguna, estuvo sepultado Pedro de Luna entre 1423 y 1430, hasta que varios familiares quisieron darle el último homenaje, exhumando sus restos y trasladándolos al palacio de Illueca donde había nacido.

La Iglesia estuvo dedicada a la Virgen María -“humil Verge María”- y a los Tres Reyes Magos de Oriente. En el exterior sobre la puerta de entrada, cinco cardos recuerdan el linaje de Cardona, el maestre constructor templario. Empotrada en la derecha de la jamba de la puerta se encuentra la sencilla pila de agua bendita.

17- 09092015También denominada “botica mayor”, “pastador”, “rebost”, se trata de una estancia-cisterna por poseer el brocal de uno de los aljibes en el nivel inferior. La estancia tuvo un segundo nivel hoy desaparecido al que se accedía por una escalera externa.

Además de las funciones que sus denominaciones señalan, como pastador (horno de pan cocer), Simó que es historiador experto en el Papa Luna, plantea que el emplazamiento de la “rebotica”  estuvo en esta estancia, citada como boticha maior o botica maiori, al menos durante la etapa pontificia.

La rebotica, o trastero era el antecedente del actual laboratorio farmacéutico, y llamado “santuario misterioso del culto a la salud”, era la dependencia donde el boticario realizaba todas las operaciones destinadas a transformar los productos simples en remedios.

También Benedicto XIII, pudo guardar en un armario rinconero (angulares domus) libros de Medicina y algunos de Astrología pertenecientes a su extraordinaria biblioteca.

Tambien es conocida como salón del comendador, sala de cavallers, salaplano2_18 de armas.

Esta sala fue destinada por los templarios, montesianos (Orden de Montesa que sustituye a los Templarios a partir de 1319) y curia papal, a recepciones, audiencias y actos solemnes. Estancia de gran interés por sus proporciones y austeridad. Las descripciones medievales aseguran que el salón admiraba por su magnificencia. En la actualidad no queda nada de aquellos tapices, sillones de cardenales o dosel que cobijara el trono papal; tan sólo en el techo, cuatro argollas de hierro sugieren pendían de ellas las lámparas que alumbraban el recinto.

Su bóveda de cañón apuntado posee el curioso detalle decorativo de la alternancia de hiladas de sillares blancos y negros, indicativo de enclave mágico, lugar dotado de virtudes. La sala está dotada de tres ventanales altos abiertos al exterior y otras dos ventanas góticas, que toman luz del patio. La estancia ostenta, sobre el arco de medio punto de la puerta principal, los blasones del maestre Cardona por lo cual, asimismo, se le suele denominar del Comendador. También se le conoce como salón gótico. Aunque en realidad la estancia ni es gótica ni Berenguer Cardona fue comendador.

plano2_20Aunque figura en los inventarios conocidos, su ubicación no es clara.

Al parecer en el siglo XV la cocina debió ubicarse en la parte superior de la cabecera de la bodega.

Era el espacio destinado para haber sido el refectorio templario. Los inventarios montesianos detallan aquí enseres tales como: armario de madera, silla papal, banco, caldera, mesa de madera, tinaja, mortero grande de piedra, una lanza larga, paella, cadena de hierro, pozal y cuerda “en lo aljub”,  pequeña cisterna desaparecida, una campana…

Se desciende desde el Patio de Armas, por una escalera muy pronunciada, para dar a un amplio salón subterráneo. Está cubierto con bóveda de cañón, y está muy poco iluminado. Es muy posible que fuera una estancia de servicios, una “bodega mayor”, o “celler mayor”.

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También se le llama Salón del Cónclave, puesto que se cree que ahí pudo haber tenido lugar el conclave que reunió a los cuatro cardenales que le quedaban a Benedicto XIII, para la elección de su sucesor, que sería Clemente VIII (1423-1429).

En uno de los costados del intimidante salón se abre una comunicación con las tétricas mazmorras.

Sobre este espacio, junto al Patio de Armas, debería existir un segundo piso que se quedó sin construir, o tal vez fuera demolido. Hubiera sido el refectorio, se puede observar desde la terraza, embebido en el muro de las antiguas cocinas, el arco inicial de esta sala.

También nombrada como cambra fonda y sala de armas, pudo haberlo sido desde el período pontificio, al convertirse la existente en aljibe.

Del centro del patio arranca la estrecha escalera, ascendente que lleva primero a una pequeña terraza y después hasta lo más alto de la fortificación, magnífica atalaya, la más elevada y amplia que todo lo domina: denominada popularmente como “El Macho”.

Posee la visión indescriptible del encantador y vario Maestrazgo costero, con las estribaciones de la Serra d’Irta (Parque Natural) y las vecinas ciudades de Benicarló y Vinarós en un llano fértil y marítimo.

Se puede ver la pequeña península en la que se asientan castillo y población amurallada, punto de transición de dos tipos de costa muy diferenciados: el septentrional, formado por un magnífico arco arenoso, y, en contraposición, el tramo costero meridional, rocoso y recortado.

Desde el parapeto de poniente se domina el apiñamiento del viejo burgo, encaramado en la ladera sudoccidental del peñón -cara al mediodía-, bella panorámica de un pueblo de caserío blanquiazul, formando agradables callejas, pinas, quebradas e irregulares de estructura arábigo-medieval.

Motivados por múltiples visiones, la mirada se pierde y detiene, inexorablemente, en contemplaciones al Parque de Artillería, al ermitorio de la Mare de Déu d’Ermitana, templo actual del barroco valenciano, adosado al castillo y que cobija a la patrona de la ciudad, hacia las dilatadas y tranquilas playas de aguas claras y arenas suaves.

También a lo lejos divisaremos el Parc Natural i Reserva Marina de la Serra d’Irta, con la secular ermita de Sant Antoni, entre agrestes montañas, y la torre Badum, en la costa Sur, renombrada en la historia por su función de vigía.

sistemaCASTILLO DE PEÑÍSCOLA.